Un día
de frió, lluvia y nieve. Mi único objetivo era perderme por una ciudad y
fotografiar lo que me llamase la atención.
Cogí el coche, prepare mi cámara analógica con un carrete
T-MAX de ISO 400 y comencé la aventura por Donosti. La verdad que el tiempo no era el adecuado
pero me arriesgue y no tenía más opciones que llevar la cámara en una mano y el
paraguas en otra.
Lo único
que me llamaba la atención era el tiempo ya que todo el puerto y la zona más
cercana de la playa estaba cerrada por gran oleaje. Era una pasada como el mar
mostraba su fuerza creando olas de 4 y 5 metros.
A la
vez que iba sacando las fotografías pensaba una y otra vez que no me estaba
sirviendo de nada hacerlas ya que no estaba orgullosa de mi propio trabajo. El hecho
de usar una cámara analógica me impedía ver el resultado de las fotos hasta
revelarlas, por eso la tensión era más grande. Llovía tanto que llego un
momento en el cual el objetivo de la cámara recibió agua y se empaño. Poco a
poco deje de ver por el visor y decidí volver a casa.
De
vuelta a casa no hacía más que pensar en lo que podría salir de aquella película
de ISO 400. No estaba orgullosa de mi trabajo, no hacia más que decir que había
malgastado una tarde pasando frió y soportando la lluvia. La verdad es que me equivoqué,
una vez rebeladas, vi el resultado y me impacto.
Ha sido
el primer proyecto que he hecho desde
que llevo estudiando fotografía. Nunca anteriormente
había sentido tanta rabia y impotencia después de a ver sacado unas fotografías.
Lo analógico tiene esa pequeña magia, no sabes cuál es el resultado de tus fotografías
hasta que las rebelas y te encantan.
Pero no amo tus pies
si no porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y el agua,
hasta que me
encontre












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